lunes, 14 de enero de 2013

EL MARRÓN

El marrón es un color que no gusta mucho; a la mayoría de las personas si se les preguntase ¿cuál es tu color preferido? Contestarían cualquiera, azul, verde, rojo, rosa, incluso gris, pero marrón no, poca gente elegiría el marrón.

Es un color que tiene, en muchas ocasiones, un significado peyorativo.

A menudo lo utilizamos dentro de una frase: Me ha caído un marrón, estoy viviendo un marrón. Porque todos, en alguna ocasión, hemos vivido situaciones marrones, muy marrones...

Cuando estas viviendo un momento así, no te das cuenta, no ves los matices, estás tan embebido en tu propia historia, en tu propio desconcierto, en tu propio descorazonamiento que no puedes ver que, realmente, el marrón puede ser, en realidad, un color muy bonito, y con muchos matices.

Matices que van desde el marrón muy oscuro, como el café o la coca-cola, o el sepia de las fotografías antiguas al ocre dorado de los campos de trigo pasando por el marrón rojizo de un brandy añejo, el tostado de la piel cuando es verano y, para mí, el rey de los colores, el siena, ese ocre castaño de los pintores renacentistas... ese siena tan hermoso con todos sus matices. El siena de los bocetos de Leonardo, de Rafael, de Miguel Angel.

El marrón, realmente, puede ser un color muy hermoso.”

Había dejado en ese punto el relato, ya continuaría con los otros colores, ahora tenía que ir a cenar con unos amigos y debía prepararse, así pues inició su particular ceremonia, vertirse, maquillarse, perfumarse.

Va a su dormitorio, enciende un incienso, pone música y empieza el proceso, con tranquilidad, como le gusta hacerlo, sin agobios ni prisas, tiene tiempo y quiere disfrutarlo. Su cabeza, mientras, sigue ocupada con sus pensamientos.

Todos los colores... Todos los colores son hermosos, también el marrón, el marrón de la tierra, de la madera, del cuero, de los ojos de muchas personas, de la piel de las castañas, el marrón de esta sombra de ojos que ha decidido ponerse hoy ¿por qué no?


www.mariangbrizuela.com
Horizonte en ocre
Técnica mixta sobre lienzo
Marian G.B.
www.mariangbrizuela.com 



Si tú quieres te aviso cuando publique otro relato.
Déjame tu correo electrónico



jueves, 3 de enero de 2013

Los números de 2012

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.



Aquí hay un extracto:
600 personas llegaron a la cima del monte Everest in 2012. Este blog tiene 5.200 visitas en 2012. Si cada persona que ha llegado a la cima del monte Everest visitara este blog, se habría tardado 9 años en obtener esas visitas.

Haz click para ver el reporte completo.

MIL GRACIAS A TODOS!!! 

jueves, 15 de noviembre de 2012

RECETA PARA LA SALSA DE TOMATE

La cocina estaba limpia, ordenada, como siempre. Ella vestía cómoda con una especie de pijama de esos que se usan para hacer yoga, el pelo recogido.

Encendió un pequeño equipo de música y eligió la lista de reproducción que más le gustaba. Abrió el frigorífico y cogió dos cebollas medianas y media docena de tomates maduros.

Empezó con las cebollas, con un cuchillo grande y bien afilado comenzó a quitarles las dos primeras capas, el color era precioso de ese blanco un tanto perlado, las partió con un corte certero por la mitad exacta, las apoyó sobre la tabla de madera por la parte plana y comenzó a picarlas con cierta habilidad, no llegaba a la maestría de los cocineros televisivos desde luego, pero, seguramente, debido a su método y el cuidado que ponía en las cosas se desenvolvía bien. Pequeños trocitos que quedaron, de momento esperando en un plato. Cogió tres dientes de ajo, los peló e hizo pequeñas láminas que añadió a la cebolla.

Abrió un cajón y sacó una sartén grande, encendió el fuego, puso aceite de oliva virgen, no sin antes contemplar la botella de vidrio que lo contenía, siempre se fijaba en los colores de todo, ahora ese dorado tirando a verdoso… Cuando el aceite tomó algo de temperatura echó la cebolla y el ajo picados y le puso sal.

En tres canciones estaría a punto, algo transparente y dorada en algunos lados...

Mientras, con un cuchillo pequeño, peló con cuidado los tomates, de un rojo bermellón y los cortó en pequeños dados. Las tres canciones pasaron, el contenido de la sartén ya estaba listo para recibir al tomate, así que lo incorporó y lo removió bien con la cuchara de madera. Ahora se tendría que freír. Fregó los cuchillos, el plato y la tabla de madera que había utilizado y lo dejó escurrir sobre un paño limpio. Volvió a lo que se estaba cocinando, removió de nuevo todo y aplastó un poco los dados de tomate que ya estaban cediendo al calor, “Esto tardará unas cuantas canciones” pensó. Los tiempos de cocina, para ella, se medían así.

Yo estaba allí, pero, como casi siempre, ella no era consciente de mi presencia. Siempre juntas y apenas nos interferíamos… La música sonaba y comenzó a moverse al ritmo, primero de forma casi imperceptible y poco a poco girando y moviéndose, ya no por la cocina, que era pequeña, sino por todo el salón, dando vueltas, pasos de baile, elevando los brazos, pegando pequeños golpes de cadera al aire y mirando de forma sugerente a esa pareja inexistente de baile…

De tanto en tanto se acercaba al mostrador que separaba la cocina de donde ella estaba y miraba la comida, todo iba bien.

A las cinco canciones pensó que era el momento de poner el toque mágico de su salsa, así que volvió a la cocina, removió, los ingredientes ya estaban prácticamente deshechos, los aplastó un poco más con la cuchara de madera, el color rojo vivo del principio se había convertido en una especie de carmín, más oscuro, más intenso. Cogió un tarro de cristal que contenía orégano, ese era el truco, le echó un puñadito y volvió a remover. Se acercó un poco a la sartén e inspiró cerrando los ojos… “Tal vez le falta un poco de sal” pensó sólo con olerlo, cogió un poco con la cuchara, sopló levemente y cerrando de nuevo los ojos acercó los labios, más que probarla, besó la salsa. Cada cosa que hacía tenía que ser así: “El amor, el cariño que pones en las cosas lo recibe luego el que las disfruta” solía decir.

Efectivamente, faltaba sal. Le echó un poco y pensó que cinco canciones más y ya estaría listo. Cinco canciones más... sonrió, que buena oportunidad para seguir bailando... “Baila, baila, baila como si nadie te estuviera viendo”

Nota al pie de página: Mientras ella baila, te diré que la salsa estará lista en unos quince minutos más, yo lo dejaría veinte, me gusta que quede concentrada, de sabor intenso.

Si no te gusta encontrar trocitos pásalo por el pasapuré, ni a ella ni a mi nos importa encontrarnos pequeños tropezones, por tanto, por nuestra parte, pasado ese tiempo estará lista para consumir.


miércoles, 24 de octubre de 2012

MOMENTOS ANARANJADOS

- ¿Sabes? Hoy hemos disfrutado de una tarde, como lo diría yo, ¿anaranjada?... Si, tal vez sea el color adecuado para la tarde de este día que empezó un poco marrón… - me lo cuenta sonriendo y con el sonido futbolero de la radio de fondo - ¿Crees que le apetecerá que siga con este rollo de los colores?, tal vez le parezca una tontería…

- Yo creo que no le importará, más bien al contrario, al hablar de los colores, en cierto modo, hablas de ti, y, al parecer, le gusta.

Me miró sonriendo, asintió, se sentó delante del escritorio y se puso a teclear.

“El color naranja es, junto con el rojo, mi preferido, cuando te hablé del azul, tu color, te dije que eran complementarios, ¿curioso no?

Te lo voy a intentar explicar y espero no hacerme pesada: hay tres colores primarios el rojo, el amarillo y el azul… de la mezcla de estos colores surgen los secundarios que son el naranja (rojo con amarillo), el verde (amarillo con azul) y el violeta (azul con rojo). Por tanto, si tomamos el azul, el color resultante de los otros dos primarios (el rojo y el amarillo) es su complementario. ¿Me he explicado?

Bueno, tampoco tiene mucha importancia, pero me resulta curioso, como que al mezclar mi rojo y tu azul salga el morado de tu corbata.

El naranja es un color muy cálido, estimulante, en decoración se recomienda utilizarlo en las zonas de estar porque favorece la conversación y el sentido del humor…”

Deja de escribir, recuerda la tarde cálida que han pasado, se ha sentido tan bien a su lado, escuchando la misma música, oyéndole hablar, reír, silbar,… es fantástico, estimulante, acogedor, da “calorcito” como el anaranjado.

“Cuando, en verano, me siento en la arena de la playa, al caer la tarde, a solas, me gusta mirar “la raya del final”, el horizonte y ver ese sol naranja rojizo que tiñe el cielo de ese mismo color, de nuevo el azul del cielo y del mar rodeando al naranja. Me parece que Dios no ha podido crear algo más hermoso que eso.

Lo miro atentamente, aprovecho para relajarme, para escuchar el mar, no hay mucha gente a esas horas y la que hay no mete ruido. Respiro profundo y es, créeme, uno de los momentos más mágicos y más placenteros que puedo vivir.

Para descansar la vista me suelo tumbar en la arena boca arriba y cierro los ojos y rememoro lo visto, lo vuelvo a dibujar en la mente; el contacto de la arena, tan fina, me gusta y no me importa que se me mezcle con el pelo, ¡qué más da! ¿hay algo mejor que esa sensación?

Me incorporo un poco, me apoyo sobre los codos y vuelvo a mirar al fondo, a lo lejos, el sol es ya sólo media circunferencia, y el naranja se intensifica. Suelo recordar otro atardecer que viví hace mucho tiempo sentada, en buena compañía, en un banco de los Jardines del Templo de Debod, también cálido, también bonito, también inolvidable…

El sol apenas se ve ya, ahora es toda una línea anaranjada lo que divide el cielo y el mar que ya son casi del mismo azul oscuro. Y siempre pienso lo mismo, esa visión invita al abrazo, a cogerse de la mano, a escuchar música suave, a bailar, a tomar un ron añejo, a charlar, a volverse a abrazar, a besar y a vivir el momento más cálido, más estimulante y más naranja que puedas…”

Deja de escribir, se ha hecho tarde, tiene algo de sueño y quiere irse a dormir, quiere cerrar los ojos y, como en la playa, rememorar y redibujar momentos naranjas.


Mi playa
Fotografía
Marian G.B.

jueves, 20 de septiembre de 2012

DULCE NOSTALGIA

Esta mañana una cartera ha llamado a mi puerta, no podía imaginar que el paquete que me ha entregado iba a despertar en mi tantas sensaciones...

Las cosas más sencillas pueden resultar importantes, trascendentes, únicas y, por tanto, muy valiosas.

El primer golpe de nostalgia ha sido cuando he abierto el sobre y he visto escrito en el paquete que contenía, en letras azules “Carajillos del Profesor”, una sonrisa se me dibujado en la cara:

- Dios mío!!! que delicia... - Y, en ese momento, una mesa de madera con un plato en el centro con estos pequeños bocados maravillosos y unas tazas de café con leche, se han venido a mi mente, también un olor a campo, una sensación de fresquito agradable que está mitigado por un jersey naranja que yo llevaba puesto en aquellos momentos. Sí, en Salas, Asturias... Hace muchos años.

A los pocos minutos ha llegado la segunda oleada de nostalgia, a través del olor. Ha sido abrir esa bolsa y un aroma a avellana muy dulce me ha traído a la cabeza y, también al corazón, una mirada verde, verde como esos paisajes asturianos, una mirada sincera, una mirada vital y alegre aunque con un toque melancólico. Un mirada casi olvidada pero única.

El tercer instante de nostalgia me ha llegado cuando he cogido uno de estos dulces y lo he mordido, el sabor... Levemente crujiente al principio y tierno y suave, después. Entonces ha sido cuando he recordado, casi he sentido un aroma especial y la suavidad de unas manos, unas manos que agarraban las mías y que,  sentí que apretaban un poco más fuerte ante Santa María del Naranco.

Amiga, gracias. No imaginas lo valioso que ha resultado tu detalle. Muchas imágenes, muchos recuerdos, muchas sensaciones mordisco a mordisco, un sencillo regalo cargado de dulce nostalgia...



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