domingo, 10 de marzo de 2013

LA OLA


Ella abrió la puerta del estudio, pensó que iba a estar vacío, que él no estaría allí.  Pero si estaba y cuando la vio entrar fue hacia ella, se miraron a los ojos, él se acercó la tomó de la cintura y de la nuca y la besó despacio, muy despacio, fue sólo el primero...

Decidió bajar a la playa, a esas horas de la tarde, ya avanzada, para ver, otro día más, la puesta del sol. Se puso un pareo y una camiseta y, sin más, comenzó a avanzar por las dunas...

Ellos decidieron avanzar en su propio camino, lleno de besos, de miradas, de caricias, de susurros. Se quitaron la ropa el uno al otro, al principio lentamente, después casi arrancándosela, al poco tiempo estaban tumbados en la alfombra, recorriendo sus cuerpos con las manos, con las bocas, con las miradas, explorándose, tanteándose, reconociéndose...

La playa estaba preciosa, la marea estaba comenzando a subir, decidió avanzar hasta la orilla, quitarse las chanclas, mojarse los pies, entregarse al mar, abandonarse a las sensaciones que le brindaba: la brisa en su cara, el olor a sal, el frescor del agua, la suavidad de la arena, el azul del mar y el cielo...

Él estaba boca arriba, ella se apoyó sobre el brazo izquierdo y con el dedo índice de la mano derecha decidió recorrer, muy lentamente, un camino por el cuerpo de él que comenzó en su frente, marcando ese surco horizontal, después el entrecejo y continuó por su nariz, su boca, donde dibujó una sonrisa, de comisura a comisura, el labio superior, el labio inferior, después bajó por la barbilla, el cuello, el pecho, se entretuvo escribiendo una palabra, sólo cuatro letras, acarició los pezones, continuó descendiendo por su estómago, su abdomen, rodeo su ombligo. Mientras dibujaba esta línea, se incorporó y se sentó sobre sus talones y comenzó a escribir algo debajo del ombligo. “¿Qué pones?” preguntó él y ella, mirándole de reojo y sonriendo: “lo que tú ya sabes”...

Se había puesto de rodillas sobre la arena, respiró profundo, miró hacia el horizonte, el sol ya estaba comenzando a bajar y estaba empezando a tomar ese color anaranjado que tanto le gustaba, aun quedaba un buen rato. Comenzó a hacer dibujos sobre la arena y a escribir pequeños códigos que sólo ella conocía...

Se puso sobre él, pero mirando hacia sus piernas, dándole la espalda y así, sentada, ahora ya con las manos comenzó a acariciarle suavemente los muslos, la cara interna desde arriba hasta las rodillas, los gemelos, los tobillos, sus pies, casi se había tumbado para llegar a ellos. Mientras, sus sexos habían coincidido, se estaban reconociendo, se buscaron. Un leve movimiento y... encajan, un suspiro profundo, un breve gemido, ella se incorpora y comienza una oscilación lenta, cadenciosa... Uno, dos..., uno, dos..., uno, dos...

Uno, dos... Vienen y van, vienen y van. Uno, dos... Había quedado subyugada por el movimiento de las olas, siempre le había fascinado esto de las mareas. Suben, bajan... suben, bajan... ¿es el influjo de la luna?, eso dicen. Se había sentado con las piernas estiradas y se apoyó sobre sus codos. Observa de nuevo la línea del final, el sol es una gran esfera naranja, contundente, cortada en la base precisamente por el horizonte...

Él mira hacia su propio horizonte y ve la espalda de ella, casi tapada por el pelo que cae suelto, libremente y sus caderas a las que se aferra; ella posa sus manos sobre las de él y se concentra en las sensaciones. Desde que ha apoyado sus manos en las caderas de ella, él ha comenzado a marcar el ritmo, sigue lento, pero mas firme. Uno, dos..., uno, dos..., “no me suel... tes...”

La marea sigue subiendo, firme, avanza. Las olas casi le llegan a tocar los dedos de los pies, casi... Vienen y van, vienen y van... uno, dos... uno, dos... El sol ya no se ve prácticamente, ilumina de un naranja intenso la línea del horizonte de un naranja intenso, casi rojizo. Al final llegó la ola, sintió sus pies mojados, el pareo, llegó la ola, lo empapó todo, lo lleno todo...

También para ellos llegó una ola. Uno, dos... uno, dos... uno, dos... “Sí!!...” Ella nota sus manos fuertemente asidas a sus caderas, los dedos se le clavan, siente eso, también siente las respiraciones más agitadas, siente su fuerza, el calor interno y todo lo demás..., echa la cabeza hacia atrás y él ve como el pelo le baja un poco más por la espalda, después, poco a poco el ritmo vuelve a hacerse tranquilo, lento, cadencioso, casi imperceptible. Continúan unos momentos más así, unidos, sin separarse, intentando apreciar cada pulso, cada latido, cada pequeño espasmo,...

Cuando ya no se ve nada de luz en el horizonte, apenas un pequeño reflejo, decide levantarse, empieza a notar algo de frío, se sacude la arena de los brazos, del pareo, deja que una ola le vuelva a mojar los pies, mira de nuevo hacia el mar, se da la media vuelta y emprende el camino de regreso...

Al cabo de un rato ella se ha tumbado a su lado pero en la posición que estaba, con la cabeza a los pies. Es él el que decide darse la vuelta y se queda mirándola, sonríe, se fija en su perfil porque ella está mirando hacia arriba, a través del tragaluz se ve una luna enorme, luminosa, está casi llena. “¿Sabes que acabo de estar allí, arriba?” le dice apuntando con su barbilla hacia el cielo. Él ríe, la abraza y dice: ”Anda ven, no cojas frío...” En el estudio sólo queda una luz encendida, la pequeña lámpara del escritorio, pero otra luz les ilumina a ellos a través del tragaluz.

La ola
Óleo sobre lienzo


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Desafío 25 libros en un año


El año pasado intenté un reto de 50 libros en un año, realmente no lo conseguí solamente llegué a 33 libros!

Este año, hablando con Nerea de Petardineando y con Leticia de Conmigo aprendí, llegamos a la conclusión de que era mejor fijar un objetivo más realista, así que, decidimos que 25 libros en un año estaba bien.

Es cierto que este reto tendría que haber comenzado en Enero, pero por culpa mía, y sólo mía, ha habido un retraso, así que, si os parece bien podemos comenzar el reto ahora en Marzo y llevarlo hasta el 28 de Febrero de 2014. ¿Os animáis?



Yo iré comentando mis avances tanto por aquí como por mi canal de YouTube. A ver si lo conseguimos!

Besos a repartir!
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lunes, 14 de enero de 2013

EL MARRÓN

El marrón es un color que no gusta mucho; a la mayoría de las personas si se les preguntase ¿cuál es tu color preferido? Contestarían cualquiera, azul, verde, rojo, rosa, incluso gris, pero marrón no, poca gente elegiría el marrón.

Es un color que tiene, en muchas ocasiones, un significado peyorativo.

A menudo lo utilizamos dentro de una frase: Me ha caído un marrón, estoy viviendo un marrón. Porque todos, en alguna ocasión, hemos vivido situaciones marrones, muy marrones...

Cuando estas viviendo un momento así, no te das cuenta, no ves los matices, estás tan embebido en tu propia historia, en tu propio desconcierto, en tu propio descorazonamiento que no puedes ver que, realmente, el marrón puede ser, en realidad, un color muy bonito, y con muchos matices.

Matices que van desde el marrón muy oscuro, como el café o la coca-cola, o el sepia de las fotografías antiguas al ocre dorado de los campos de trigo pasando por el marrón rojizo de un brandy añejo, el tostado de la piel cuando es verano y, para mí, el rey de los colores, el siena, ese ocre castaño de los pintores renacentistas... ese siena tan hermoso con todos sus matices. El siena de los bocetos de Leonardo, de Rafael, de Miguel Angel.

El marrón, realmente, puede ser un color muy hermoso.”

Había dejado en ese punto el relato, ya continuaría con los otros colores, ahora tenía que ir a cenar con unos amigos y debía prepararse, así pues inició su particular ceremonia, vertirse, maquillarse, perfumarse.

Va a su dormitorio, enciende un incienso, pone música y empieza el proceso, con tranquilidad, como le gusta hacerlo, sin agobios ni prisas, tiene tiempo y quiere disfrutarlo. Su cabeza, mientras, sigue ocupada con sus pensamientos.

Todos los colores... Todos los colores son hermosos, también el marrón, el marrón de la tierra, de la madera, del cuero, de los ojos de muchas personas, de la piel de las castañas, el marrón de esta sombra de ojos que ha decidido ponerse hoy ¿por qué no?


www.mariangbrizuela.com
Horizonte en ocre
Técnica mixta sobre lienzo
Marian G.B.
www.mariangbrizuela.com 



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jueves, 3 de enero de 2013

Los números de 2012

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.



Aquí hay un extracto:
600 personas llegaron a la cima del monte Everest in 2012. Este blog tiene 5.200 visitas en 2012. Si cada persona que ha llegado a la cima del monte Everest visitara este blog, se habría tardado 9 años en obtener esas visitas.

Haz click para ver el reporte completo.

MIL GRACIAS A TODOS!!! 

jueves, 15 de noviembre de 2012

RECETA PARA LA SALSA DE TOMATE

La cocina estaba limpia, ordenada, como siempre. Ella vestía cómoda con una especie de pijama de esos que se usan para hacer yoga, el pelo recogido.

Encendió un pequeño equipo de música y eligió la lista de reproducción que más le gustaba. Abrió el frigorífico y cogió dos cebollas medianas y media docena de tomates maduros.

Empezó con las cebollas, con un cuchillo grande y bien afilado comenzó a quitarles las dos primeras capas, el color era precioso de ese blanco un tanto perlado, las partió con un corte certero por la mitad exacta, las apoyó sobre la tabla de madera por la parte plana y comenzó a picarlas con cierta habilidad, no llegaba a la maestría de los cocineros televisivos desde luego, pero, seguramente, debido a su método y el cuidado que ponía en las cosas se desenvolvía bien. Pequeños trocitos que quedaron, de momento esperando en un plato. Cogió tres dientes de ajo, los peló e hizo pequeñas láminas que añadió a la cebolla.

Abrió un cajón y sacó una sartén grande, encendió el fuego, puso aceite de oliva virgen, no sin antes contemplar la botella de vidrio que lo contenía, siempre se fijaba en los colores de todo, ahora ese dorado tirando a verdoso… Cuando el aceite tomó algo de temperatura echó la cebolla y el ajo picados y le puso sal.

En tres canciones estaría a punto, algo transparente y dorada en algunos lados...

Mientras, con un cuchillo pequeño, peló con cuidado los tomates, de un rojo bermellón y los cortó en pequeños dados. Las tres canciones pasaron, el contenido de la sartén ya estaba listo para recibir al tomate, así que lo incorporó y lo removió bien con la cuchara de madera. Ahora se tendría que freír. Fregó los cuchillos, el plato y la tabla de madera que había utilizado y lo dejó escurrir sobre un paño limpio. Volvió a lo que se estaba cocinando, removió de nuevo todo y aplastó un poco los dados de tomate que ya estaban cediendo al calor, “Esto tardará unas cuantas canciones” pensó. Los tiempos de cocina, para ella, se medían así.

Yo estaba allí, pero, como casi siempre, ella no era consciente de mi presencia. Siempre juntas y apenas nos interferíamos… La música sonaba y comenzó a moverse al ritmo, primero de forma casi imperceptible y poco a poco girando y moviéndose, ya no por la cocina, que era pequeña, sino por todo el salón, dando vueltas, pasos de baile, elevando los brazos, pegando pequeños golpes de cadera al aire y mirando de forma sugerente a esa pareja inexistente de baile…

De tanto en tanto se acercaba al mostrador que separaba la cocina de donde ella estaba y miraba la comida, todo iba bien.

A las cinco canciones pensó que era el momento de poner el toque mágico de su salsa, así que volvió a la cocina, removió, los ingredientes ya estaban prácticamente deshechos, los aplastó un poco más con la cuchara de madera, el color rojo vivo del principio se había convertido en una especie de carmín, más oscuro, más intenso. Cogió un tarro de cristal que contenía orégano, ese era el truco, le echó un puñadito y volvió a remover. Se acercó un poco a la sartén e inspiró cerrando los ojos… “Tal vez le falta un poco de sal” pensó sólo con olerlo, cogió un poco con la cuchara, sopló levemente y cerrando de nuevo los ojos acercó los labios, más que probarla, besó la salsa. Cada cosa que hacía tenía que ser así: “El amor, el cariño que pones en las cosas lo recibe luego el que las disfruta” solía decir.

Efectivamente, faltaba sal. Le echó un poco y pensó que cinco canciones más y ya estaría listo. Cinco canciones más... sonrió, que buena oportunidad para seguir bailando... “Baila, baila, baila como si nadie te estuviera viendo”

Nota al pie de página: Mientras ella baila, te diré que la salsa estará lista en unos quince minutos más, yo lo dejaría veinte, me gusta que quede concentrada, de sabor intenso.

Si no te gusta encontrar trocitos pásalo por el pasapuré, ni a ella ni a mi nos importa encontrarnos pequeños tropezones, por tanto, por nuestra parte, pasado ese tiempo estará lista para consumir.



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